Yüksek tasarruf ve sessiz lüks

Dün sessiz lüksün aslında her zaman orada olduğunu söyledik. Gösterişsiz giyinen iş adamlarını konu alan ‘Succession’ dizisinin son sezonuyla birlikte daha fazla yorum yapılmaya başlandı: 600 avroya sade kasketler, 7.000 avroya çok basit ceketler ve ‘Fantastik Araba’dan daha akıllı (ve görünüşe göre daha mütevazi) Tesla arabaları. ‘ . Sadece onlar değildi: Ünlülerin bir kısmı bu ‘görünüşü’ tercih etti (bir Brad Pitt, Zara’daki sizinkine çok benziyor, fiyatı 2.500 dolar). Seçeneği büyük logolar veya tuhaflıklar olmadan bu tür bir lüks Zarafet ve (ahem) sınıfla ilişkilendirildi. Gerçi burada zaten yorum yapmıştık (ve bunun hakkında çok şey biliyoruz çünkü biz burada büyüdük) Sessiz lüksün mekânı Barselona üst burjuvazinin bunu her zaman uyguladığı yerde), bu estetiğin ayrıcalığı kamufle etmenin ve zenginliği korumanın bir yolu olabileceği gibi, lüks insanlar arasında bir tür motorcu veya Mason selamlaması da olabileceğini söyledi. Aslında bu markalardan birinin mottosu ‘Biliyorsan bilirsin’.

Pues bien, leía ayer que entre la Generación Z está de moda lo contrario. La etiqueta de “ahorro ruidoso” (en realidad, ‘loud budgeting’, así que presupuesto escandaloso o a voces podría ser otra traducción) ha triunfado en TikTok, concretamente en el de un tal Lukas Battle. La tendencia viene a luchar contra la dismorfia económica y otro tipo de trastornos de ansiedad entre los más jóvenes, que tienen que aparentar en redes un dinero del que carecen. Así nace esta moda, que va de proclamar lo que te cuesta algo, especialmente si te ha salido barato, sin miedo a comentar cuando no te alcanza el billetero. Lo gracioso es que su creador lo defiende con la retórica de la anterior etiqueta: el ahorro ruidoso es “más chic, más estiloso, más flex” y consiste no en decir que no tienes suficiente, sino que pasas de gastártelo en eso. Y viene a visibilizar la precariedad, a mitigar la angustia y a aliviar las brechas que la economía puede abrir en una amistad (cuando no tienes dinero para sumarte al plan que otros proponen).

En realidad, los pijos también practican esto. Nada más agarrado que alguien con mucho dinero, que alardeará de lo barata que le salió esa tercera residencia o de este reloj que le regalaron en una convención.

Pero quien lo ha hecho siempre ha sido el humilde, con sus mil cálculos para llegar a 31 de mes, pero también como actitud ante el dispendio. Varios ejemplos en mi entorno, de ese amigo que alquilaba la revista ‘Fotogramas’ en la biblioteca (cuando valía menos de dos euros), a ese padre que siempre que estrena una prenda de marca comprada en un ‘outlet’ adelanta, mientras se mira en el espejo, lo barata que le salió. Y a mí mismo, que soy un desastre en el control de mis gastos, me sabe mejor una caña si cuesta 10 céntimos menos que en el bar de al lado.

Todas las etiquetas y tendencias suenan tontas, pero algunas tienen todo el sentido. Como esta del ahorro ruidoso, que ayuda a la desaceleración del consumo al tiempo que nos ahorra hacer cosas que no queremos hacer y que nos arruinan. Dijo Oscar Wilde de las altas esferas del siglo XIX en ‘El abanico de Lady Windermere’: “Hoy en día la gente conoce el precio de todo pero el valor de nada”. Últimamente, en cambio, parecía que nadie podía ni decir ni saber el precio de las cosas. Así que bienvenida esta juvenil tendencia que ahora le pone nombre a esta sana actitud, que tan bien practicaba mi tía Generosa, una mujer que, a pesar de su nombre, miraba cada céntimo.

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